Hoy voy a seguir con mi historia, el segundo día que nos vimos. El primero ya lo conté en la entrada anterior.
Pasaron cinco semanas desde la primera vez. Después de que me "salvara" nos quedamos hablando un rato, bastante rato la verdad. Hablamos sobre muchas cosas, entre ellas los piercings ya que tenemos uno en el mismo lugar. Se nos pasó el tiempo muy rápido, y se hizo tarde, y yo no podía llegar muy tarde a casa. Asique con las prisas y, también las pocas ganas de irme, no nos dieramos ningun medio por el que hablar o quedar otro día. Cuando llegué a casa me arrepentí, pero ya era demasiado tarde, asique solo me quedaba la esperanza de que nos vieramos en otra fiesta o algo.
Cinco semanas después, fue la fiesta de otro pueblo también cercano y fuimos una amiga y yo. Sinceramente no me acordé mucho de él ni de que estuviera por allí. Asique ibamos mi amiga y yo por una de las calles del pueblo hacia la plaza donde estaba la orquesta. Entonces no se de dónde salieron, tres chicos de unos 23 o 24 años, uno agarró a mi amiga del brazo y le dijo que si lo quería conocer, tal,... mi amiga se revolvió y yo fui sin pensarmelo a ayudarla. En cuanto aparecí yo, uno de ellos agarró a su amigo separandolo de mi amiga. Nosotras nos dimos la vuelta para irnos lo antes posible ya que allí era el lugar donde menos queríamos estar. Entonces uno de ellos nos llamó, pero como no le hicimos caso nos alcanzó corriendo. Cuando me dí la vuelta para decirle, ya de malas formas, que nos dejaran en paz, me encontré de lleno con esa sonrisa perfecta, de dientes blancos que me dejaron callada mientras mi amiga tiraba de mí.
- ¿Siempre te metes en problemas, o solo cuando estoy yo?- Dijo sin quitar la sonrisa
Yo me quedé embobada, hasta que subí la mirada y encontré sus ojos brillantes esperando una contestación.
-Quizás eres tu el que me atrae los problemas- Me giré y seguimos caminado, pero me volvió a tocar el hombro suavemente.
-Quizás- me dijo- Lo siento, de verdad es que mi amigo tiene muy poco tacto- sentenció sonriendo y mirando hacia su amigo.
-Disculpas aceptadas- Contesté girandome de nuevo y acelerando el paso. Estaba enfadada. No se por qué, quizás porque era él, o su amigo, no se... pero estaba enfadada.
Esta vez no me siguió, aunque en mi interior yo desaba que lo hiciera de nuevo, que me tocara otra vez con esa delicadeza.
La noche siguió tranquila, mi amiga se tranquilizó, y nos lo pasamos bién.
Pero cuando estaba hablando con un compañero de clase apareció por detrás de él, y se quedó mirandome sin retirar esa sonrisa, que en algún momento resultaba chulesca y hasta ofensiva, pero que me encantaba aunque no lo reconzca.
Cuando terminé de hablar con mi amigo, intenté volver rápidamente hacia mi grupo pero él se interpuso en mi camino:
-¿Intentabas escaparte?
-No- respondí- simplemente intento llegar viva a casa.
-Ah, claro, que soy yo el que te trae los problemas, es verdad, no me acordaba. En ese caso, me voy.- Se giró y se fue.
Yo me quedé con una cara, sinceramente, de boba. No me lo podía creer, se había ido. Me quedé allí unos minutos más, como esperando a que volviera sin pararme de repetir mentalmete que se había ido por hacerme la dura demasiado, que alomejor no le volvía a ver, que... tantos sentimientos de culpa que las lágrimas se me agolpaban en la garganta.
Quedaba, por suerte, poca nooche y mi amiga y yo no tardamos en dirigirnos al coche:
- Te pasa algo, se que te pasa algo.- Me decía
-No, nada... - le contestaba sin mirarla a los ojos.
En ese mismo momento, a doscientos metros del coche volvió a aparecer de la nada, como un ratero de poca monda que te pedía el bolso. Pero no quería mi bolso exactamente:
- ¿Te vas?
-Si, ya me voy- le dije, todavía afectada por su anterior reacción
- Entonces...- y se me acercó. Yo lo miraba a los ojos, resentida aún, pero un poco inerte, sin vida, se me acercaba más y yo no podía moverme. Entonces sentí su aliento en mi nariz, y como si de un hechizo se tratara, desperté de mi letargo y con un ligero movimiento esquivé su beso, obligandole a que me lo diera en la comisura del lábio.
Me subí al coche tan rapidamente que todavía sentía el roce de su barba en mi piel.
Antes de dormirme, volvió el sentimiento de culpa, de que si mi aparente dureza no lo alejaría. Pero entonces, como si mi cerebro quisiera levantarme el ánimo, me hizo recordar que antes de que cerrara la puerta del Polo me gritó: "Nos vemos en *P*" El siguiente pueblo donde había fiesta, dentro de dos semanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario